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Por amor al arte

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Cómprate una cámara réflex, una de esas grandes y caras, y dale al botón. Ya eres fotógrafo. Bueno, al menos eso es lo que se piensan los que no conocen esta profesión. Desconocen las horas de trabajo que has tenido que hacer para ahorrar y comprarte un buen material técnico, no solo para tener la cámara que tienes en tu mano, sino todo tipo de herramientas que pueden no acabar nunca, porque lo que es seguro en esta profesión es lo difícil que es conseguir el equipo de tus sueños. También desconocen las horas de estudio, bien pagando talleres o másters, o bien ocupando tu tiempo de ocio en aprender por tu cuenta, comprando libros para empaparte de los grandes, horas en el ordenador buscando información, o regalando trabajos a amigos para poder poner en prácticas tus conocimientos. Horas de edición sentados en tu ordenador por amor al arte.  Y entonces llega el día y empiezas a recibir encargos, cada vez más. La máquina y tu ojo empiezan a calentar y vas viendo tus virtudes y tus defectos como fotógrafo, y sigues aprendiendo. También empiezas a conocer al cliente, que llegará a ti por varios motivos:

  1. Eres su fotógrafo adecuado porque le gusta tu trabajo.
  2. Eres su fotógrafo adecuado porque te tiene cerca y además te conoce y busca precio amigo.
  3. Eres el único fotógrafo disponible porque no encuentra a nadie para un trabajo de última hora.

Entonces, ¿a dónde quiero llegar? Te ha costado mucho llegar a formarte como profesional y está en tus manos seguir siéndolo. El cliente no tiene por qué saber lo mucho que te cuesta cada día seguir ofreciendo lo mejor, tú tampoco sabes lo que le cuesta a él pagarte tus servicios. Pero si tu objetivo es hacer buenas fotos, no pierdas el tiempo con trabajos que no merecen la pena, ya no hablo solo de trabajos de poca remuneración, sino de proyectos que no te gustan. Por el contrario, si solo buscas dinero, entonces solo tienes que darle al botón.

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